Retrato de Jesús

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Retrato de Jesus
Retrato de Jesús
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Retrato al olio de Jesús. En la foto se aprecia la profundidad de su mirada. Jesus va vestido con telas austeras de color blanco y rojo.

Que dicha para aquellos que en su vida aquí en la tierra lograron ver el rostro de Jesús. Su mirada tierna y puro, libre de pecado, su abrazo de amor y ver esa sonrisa dulce al caer ante sus pies.

Sin duda que toda el Señor en su esplendor era imponente y a la vez sencillo, ya que pasaba desapercibido, pero al conocerle, su gloria, la gloria de Dios se manifestaba en la vida de las personas que le buscaban y le encontraban.

Muchos encuentros con las personas los vemos reflejados en la Biblia, y no solo en la Biblia, sino en la vida de todo aquel que hasta el día de hoy ha sentido y experimentado la mirada y la presencia del Señor Jesús en sus corazones.

Uno de los tantos encuentros con la mirada de Jesús en la vida de hombres y mujeres fue el de aquella mujer que fue sorprendida en adulterio; la misma iba a ser apedreada, tal como lo enseña la ley Mosaica, pero con estas palabras tan contundentes, evito que la misma fuese apedreada. Sus palabras fueron: “…el que esté libre de pecados, que tire la primera piedra” (Juan 8:6). Aquellos hombres, no tuvieron más opción que dejar sus piedras en el suelo e irse. Nos podemos imaginar por un momento ese encuentro de Jesús con aquella mujer, esa mirada tierna y compasiva de Jesús para con las personas, y sin dudas también para con esta mujer. He aquí que le dijo a la mujer: “Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Alguien te condenó?  Ella dijo: Nadie, Señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete y de ahora en adelante no peques más.” (Juan 8:8-11).

Otro momento fue cuando una prostituta se postro ante sus pies no importando quien estuviese a su alrededor, derramo el mejor perfume que tenía sobre la cabeza de Jesús y además de eso, lavo los pies de Jesucristo con sus lágrimas de arrepentimiento, los besaba constantemente y secaba sus pies con sus cabellos. Solo podemos imaginar la hermosa y amorosa mirada de Jesús al ver todo lo que hacia esta mujer que por su gran fe, todos sus pecados se le perdonaron y fue salva, (Lucas 7:36-50).

Qué momento tan maravilloso es a la vida de los hombres y mujeres cuando Jesús fija su mirada a nuestra vida y nuestros corazones. Es aquella sensación de júbilo y alegría que no se puede explicar, es aquel consuelo que necesitamos en momentos difíciles, nos da ánimo en las pruebas y es esa mirada que además nos muestra el camino que debemos seguir.

Jesús, no le hacía falta ver los ojos de las personas, porque Jesús miraba y, aún hoy, mira la mente y el corazón de los hombres y mujeres.

La mirada de Jesús abarca el mundo entero, no importa si son pocas o muchas personas, ya que él quiere que volvamos al Padre.

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