Mundos sin fin

Mundos sin fin
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En esta ocasión Greg nos regala una fantástica instantánea de Jesús, meditando posando junto a unas rocas. La infinidad que nos dibuja el fondo nos hace reflexionar sobre lo pequeños que somos y lo grande que es nuestro señor Jesús.

Es maravillosamente inmensa su presencia y su grandeza, es algo que no cabe en nuestra mente. Su Palabra nos dice: “Dios, el Señor, creó los cielos y los extendió; creó la tierra y todo lo que hay en ella. Él es quien da aliento a cada uno y vida a todos los que caminan sobre la tierra.” Isaías 42:5

Es por Dios y su misericordia que estamos vivos, respiramos y aun caminamos. Aun los que viven sin Jesús (El Salvador) en sus vidas, viven por la misericordia y el amor de Dios. “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” Lamentaciones 3:22-23.

Su Palabra nos afirma que estas misericordias no es para un solo grupo de personas, su misericordia es para toda la humanidad, así lo afirma su la Biblia: “Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.” Mateo 5:45. Grande es su fidelidad.

Esta imagen sencilla nos muestra que en la mente de Dios está todo y su inmensidad no se puede confinar en ningún lugar: “El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres” Hechos 14:24. Y de una forma tan sencilla pero a la vez tan gloriosa, la Biblia nos lo dice en su primer versículo: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Génesis 1:1

Dios es el creador, es el sustentador de todas las cosas y toda esta bajo su mirada vigilante desde lo alto de los cielos. “Cuenta el número de las estrellas, y a todas ellas les pone nombre. Grande es nuestro Señor, y muy poderoso; su entendimiento es infinito. ” Salmos 147:4-5.

Para muchos es muy difícil creer en un Dios que no se puede ver, de hecho, hasta algunas personas lo consideran imposible. Muchos se aferran a aquella frase que dice “ver para creer”, pero, ¿Qué más nos hace falta ver para creer? Vemos un nuevo día con un sol único que está a una distancia ideal con respecto a la tierra, no tan cerca para quemarnos y tampoco tan lejos para morir de frio… Respiramos aun dormidos sabiendo que ese aliento de vida todos los días, sabiendo que quizá algún día no respiremos más. Muchas veces de forma inexplicable encontramos la ayuda o la solución a un problema en nuestra vida y nuestra boca muchas veces declara “gracia a Dios”. Incluso, nuestro cuerpo entero, desde el cerebro hasta los pies esta creado de manera grandiosa y además única, no existe un sistema tan perfectamente creado como lo es el cuerpo humano, esto definitivamente fue hecho por una sabiduría infinita, la sabiduría de Dios.

Es mejor decir “yo creo para poder ver”, porque así el Señor nos da su bendición: “benditos los que creen sin verme.” Juan 20:29

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