Jesús y la mujer en el pozo

Jesús y la mujer en el pozo
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La imagen de Jesús y la mujer en el pozo forma parte de una de las historias más importantes de la Biblia, ya que en esta ella se pueden ver reflejada la historia de miles de personas que se acercan a Cristo.

La Biblia cuenta que Jesús y la mujer en el pozo se encontraron en Samaria, cuando el Señor tení­a sed después de haber predicado y fue hacia los pozos de agua a beber. Este no fue un encuentro casual ya que él sabía que la encontrarí­a allí­ y que esta mujer tenía sed espiritual, fue por eso que al verla le pidió que le diera agua de beber para comenzar la conversación. La mujer se quedó completamente sorprendida al ver que un judí­o le hablaba, ya que en esos tiempos se encontraban peleados. Pero Jesús no sigue las reglas de esta sociedad, el ama a todos sin hacer ninguna distinción y por eso se dirigió a ella como podemos verlo en la imagen de Jesús y la mujer en el pozo.

Pero la historia de Jesús y la mujer en el pozo nos muestra, más allá del inmenso amor de Jesús, como él puede examinar nuestros corazones y saber todo sin que salga palabra alguna de nuestras bocas. Así­ lo hizo con ella, cuando le hablo sobre sus 5 maridos pasados y el actual, en ese momento ella confeso su verdad y arrepentida acepto que él no era un hombre más. Jesús ya se lo habí­a anunciado cuando le dijo “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrí­as pedido a él”.

Muchas personas no conocen a Jesús y él se acerca a ellos pidiendo algo para luego poder ofrecerles todo lo que tiene y quiere darles. Así­ sucedió con Jesús y la mujer en el pozo, si el termina diciéndole “el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.”

Jesús es dueño de esa fuente inagotable para darnos vida eterna porque él mismo es la fuente. Esta mujer tenía sed y por eso sacaba agua del pozo, vemos que esa era su prioridad, pero lo que Jesús nos da a entender es que a pesar de las tantas necesidades que podamos tener, Dios siempre debe ser nuestra primera necesidad. El agua algún día podrá escasear, el alimento, no tener que vestir  o comprar, pero todas estas cosas son pasajeras, solo Jesús es la fuente “inagotable” de paz y amor y está siempre dispuesto a regalarnos vida eterna para todo aquel que lo acepte en su corazón.

El Señor lo ha dicho, saciara nuestras almas cansadas y nos dará la fortaleza que necesitamos para continuar nuestro camino con Dios.

Y el SEÑOR te guiará continuamente, saciará tu deseo en los lugares áridos y dará vigor a tus huesos; serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan.” Isaías 58:11

Porque yo he de satisfacer al alma cansada y he de saciar a toda alma atribulada.” Jeremías 31:25.

Con Dios todo lo tenemos; “Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed” Juan 6:35

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