Jesús sanando a un niño

Jesús sanando a un niño
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La Biblia en San Mateo 17:14 – 20 nos cuenta un episodio de Jesús sanando a un niño endemoniado. Relata la historia de un hombre que llega a Jesús con su hijo en brazos pidiéndole que lo sane porque el niño esta poseí­do por un espí­ritu inmundo que le había quitado el habla y los discí­pulos no pudieron expulsarlo (Marcos 9:17).

En muchas otras ocasiones pudimos ver a Jesús sanando a un niño, o a una niña o a personas endemoniadas que se las traían a su presencia, por lo que nosotros podemos estar seguros de que este será un caso más en el que el Señor mostrara su gloria. Pero el padre del pequeño no tenía la misma fe; vemos en el libro de Marcos 9:22 él le dijo: “Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos“. En el mismo momento Jesús le respondió: ¿Cómo que “si puedo”? —Preguntó Jesús—. Todo es posible si uno cree (Marcos 9:23). El hombre reconoció que tení­a poca fe respondiéndole: “¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!” (Marcos 9:24); fue su reconocimiento lo que habilito a Jesús para hacer la obra maravillosa.

Así­ como lo creí­mos, pudimos ver una vez más a Jesús sanando a un niño. Enseguida el Maestro ordeno al espí­ritu que salga del niño y no regrese más. El demonio gritó y salió violentamente del pequeño y lo dejo como muerto, muchos se asustaron pensando que el niño habí­a fallecido, pero Jesús no, tranquilamente lo tomo de la mano y lo levanto.

Los discí­pulos viendo a Jesús sanando a un niño endemoniado se preguntaron porque ellos no pudieron hacerlo, a lo que Jesús respondió diciendo que fue por su poca Fe. Él les aseguro que si tuvieran fe aunque sea del tamaño de un grano de mostaza podrí­an decirle a la montaña que se corra y esta se correrí­a (Mateo 17:20).

Pero el Señor no solo les dijo esto, sino que hay que estar preparados para poder enfrentar enemigos de este tipo; “Pero esta clase de demonio no se va sino con oración y ayuno” (Mateo 17:21).

El Señor Jesucristo nos empodera de su Espíritu Santo al llevar una vida correcta y agradable ante los ojos de Dios. Ese mismo Espíritu Santo que tiene Jesucristo, fue más que suficiente para expulsar demonios, hablar Palabras de vida, hacer la voluntad del Padre, soportar duras y arduas pruebas (como llevar 40 días en el desierto sin comer), llevar una pesada cruz luego de haber sido golpeado incontables veces y mutilado en todo su cuerpo; ese mismo Espíritu Santo fue el que ayudo a Jesús a tener las fuerzas para soportar la muerte por nuestros pecados y es por ese mismo Espíritu que fue levantado y resucitado de entre los muertos al tercer día y ahora está sentado con gloria y honor a la derecha del Padre (Dios).

Que maravilloso es Jesús cuando nos dice: “No los abandonaré como a huérfanos; vendré a ustedes” (Juan 14:18), “Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Abogado Defensor, quien estará con ustedes para siempre. Me refiero al Espíritu Santo, quien guía a toda la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo busca ni lo reconoce; pero ustedes sí lo conocen, porque ahora él vive con ustedes y después estará en ustedes.” (Juan 14:16-17).

No estamos solos contra el enemigo, ya que Jesús nos dejó el mismo Espíritu Santo que estaba en él para que habite en nuestras vidas, así nos lo dice el Apóstol Pablo: “El Espíritu de Dios, quien levantó a Jesús de los muertos, vive en ustedes; y así como Dios levantó a Cristo Jesús de los muertos, él dará vida a sus cuerpos mortales mediante el mismo Espíritu, quien vive en ustedes.” (Romanos 8:11)

Así como recordamos y reconocemos el poder de Jesús sanando a un niño, entonces solo por el poder del Espíritu Santo, en el nombre de Jesús y en la voluntad del Padre podremos hacer cosas que en nuestras fuerzas nunca podríamos hacer. Si tenemos una verdadera fe en Cristo pues entonces nada sería imposible.

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