Jesús lavando los pies a sus apóstoles

Jesús lavando los pies a sus apóstoles
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Jesús nos quiso enseñar  lavando  los pies a sus apóstoles, que la mayor grandeza del hombre debe ser su humildad.  Jesús, Rey de Reyes,  durante la cena previa a su crucifixión,  se postró para lavar los pies a sus apóstoles. ¡Esto nos invita a la reflexión!

A pesar de que el apóstol Pedro se negó a que le lavaran los pies, ya que no podía imaginarse al Rey de Reyes, al Señor de Señores haciendo un acto tan impactante como lavarle los pies a sus apóstoles. Pedro le dijo:” ¡Jamás me lavaras los pies!”, pero Jesús, con amor le respondió: “si no te lavo los pies,  jamás vas a pertenecerme”. Esto lo podemos ver en la Biblia, en el capítulo de Juan 13:6-8.

En los tiempos de Jesús y la cultura Hebrea, era de costumbre que en algunos hogares se colocara un recipiente con agua cerca de las puertas, o en otros casos, tenían esclavos o sirvientes que se encargaban de lavarle los pies a cada visitante que llegaba. Esto se realizaba ya que las calles eran de tierra y las personas andaban en sandalias, por ende, los pies quedaban sucios y se acostumbraba a lavarse, o, a que les lavasen los pies a las personas antes de entrar a una casa.

Nuestro Señor Jesús, siendo el dueño de todas las cosas que han sido creadas, no se detuvo en argumentos, sino que se quitó su túnica, y solo con una toalla que se amarro a su cintura, secaba los pies de sus discípulos después de lavarlos. Estaba prácticamente desnudo ante ellos, no hubo sentimientos de vergüenza o pena, simplemente fue amor, un increíble amor y humildad que les enseñaba a sus doce, a pesar de que ya sabía que uno de ellos le iba a traicionar.

Este acto que quizá era tan repudiado por muchos, fue el que Jesús hizo suyo, para enseñarle a sus discípulos que ninguno de ellos era más grande que el otro, que ese sentimiento de humildad debe estar presente entre ellos y también para con todos; Jesús les dijo: “Y dado que yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les di mi ejemplo para que lo sigan. Hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Les digo la verdad, los esclavos no son superiores a su amo ni el mensajero es más importante que quien envía el mensaje.” (Juan 13:14-16).

La Palabra de Dios es tan profunda, rica e infinita, que encontramos miles de mensajes en ella, y en los actos de Jesús no son la excepción de esa realidad. Dos de los tantos mensajes que encontramos en esta hermosa escena son “humildad” y “estar a cuentas con Dios”. Jesús, al lavar los pies de sus doce pasaron a ser suyos, y por medio de Jesús conocieron al Padre; por ello, al entrar a la presencia del Padre, a la casa del Padre, en oración debemos rendirle cuentas de nuestros actos buenos y malos, en el nombre de Jesús ya que fue que nos ha lavado con su preciosa sangre. Si somos de Jesucristo, entonces hagamos las cosas en su nombre, (Colosenses 3:17).

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