Jesús en la cruz

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Jesus en la cruz
Jesús en la cruz
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Al pensar en Jesús en la cruz, muchas veces se cruza una idea equivocada en nuestros pensamientos y creemos que la crucifixión fue un asesinato donde mataron a Jesús, pero la verdad es que nadie mato a Jesús sino que el mismo se entregó por todos nosotros.

La Biblia habla sobre Jesús en la cruz en San Juan 3:16 donde dice “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.”  Pero esto no significa que el Padre obligo a Jesús a tomar ese lugar, sino que el decidió cumplir su propósito en la tierra y poner la voluntad del Padre por encima de la de él.

Las escrituras lo aclaran en Juan 10:17-18 “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí­ mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar”.

No hay que negar que Jesús fue humano también, y sintió un gran dolor  antes de ir a la cruz, él sabía lo que iba a sufrir un gran dolor, que sería golpeado, escupido, traspasado, vituperado, humillado y muchas cosas que quizá no alcancen las palabras humanas para definir ese sufrimiento o tristeza que pasaba el Señor antes de ir a la cruz. Solo la Palabra de Dios nos da una referencia de ese inmenso dolor, de la boca del mismo Jesús cuando les dijo a tres de sus apóstoles: “Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo

El nivel de estrés que tenía el Señor Jesucristo en ese momento era tan terrible que sudaba gotas de sangre; así nos lo muestra Lucas 22:44: “En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba aún más intensamente, y el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre“. Estudios médicos dice que este fenómeno si existe, aunque es muy extraño que suceda. Se le llama Hematidrosis, y sucede  cuando una persona está bajo tensión o estrés extremo. No podemos ponernos en el lugar de Jesús, pero solo imaginemos, el siendo libre de pecado y culpa, tuvo que cargar con todos los pecados de la humanidad, aún de aquellos que no habían nacido.

Ya los el profeta Isaías lo había escrito hace muchos años antes de Jesús nacer: “Fue despreciado y rechazado: hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo…” (Isaías 53:3), “Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados. Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz; fue azotado para que pudiéramos ser sanados” (Isaías 53:5).

Cuando vemos a Jesús en la cruz debemos tener muy claro que él nos amó tanto que decidió entregar su propia vida para que nosotros no tengamos que ocupar ese lugar en la cruz por la paga de nuestros pecados. Jesús en la cruz nos limpió de todo mal, regalándonos la salvación y la vida eterna. Jesús en la cruz se llevó toda enfermedad de nuestros cuerpos y nos libró de todo dolor. Por todo esto él se entregó por nosotros ¿Cómo no vamos nosotros a alabarlo y a adorarlo? Él es nuestro Salvador, nuestro único Rey.

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