Jesús en busca de los apóstoles

Jesús en busca de los apóstoles
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Mientras Jesús andaba en la tierra haciendo sus obras, cientos de personas se decidieron a seguirles para poder contemplar más de cerca todos sus milagros. Pero aun así­ seguí­a Jesús en busca de los apóstoles, personas más cercanas a él con las que pueda formar un círculo íntimo y a quienes le encargarí­a la tarea de expandir el evangelio por todas las naciones.
Cuenta San Lucas 6 del 12 al 19 que, Jesús en busca de apóstoles, subió a un monte para orar al Padre y paso allí­ toda la noche. Al dí­a siguiente se dirigió hacia todos sus discí­pulos y escogió a esas 12 personas que lo acompañarí­an en su paso por la tierra.

Jesús subió a orar al Padre porque sabía que desde antes de la fundación del mundo, estos doce habí­an sido señalados para ser sus apóstoles y necesitaba de esa revelación para poder hacer la elección correcta.

Estos 12 hombres escogidos por Jesús en busca de apóstoles, fueron enseñados y entrenados por el mismo para que luego puedan ser sus enviados a todo el mundo como testigos de sus obras y predicadores del Reino de Dios.

Las 12 personas escogidas por Jesús en busca de apóstoles se encuentran en San Mateo 10:2-4. Sus nombres fueron: Simón (Pedro), Andrés, Jacobo, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomas, Mateo, Jacobo (hijo de Alfeo), Simón (llamado Zelote), Judas (hermano de Jacobo) y Judas Iscariote que, después de traicionar a Jesús, fue reemplazado por Matí­as.
Fueron 12 hombres comunes que estuvieron dispuestos a creer en Jesús y a dejar todo para poder seguirlos y aprender del Gran Maestro. Todos tenían defectos y virtudes pero todos con un propósito que quizá ellos ni siquiera lo imaginaban. Pero Jesús ya conocía los corazones de cada uno de ellos porque le fue revelado por el Padre, conocía sus pensamientos y también sabia lo grande de sus obras y acciones.

Cada uno de estos apóstoles en su andar con Jesús aprendieron, se llenaron de la presencia del Maestro, lo pudieron disfrutar cara a cara a pesar de que muchos otros no creían que Jesús era el Mesías. También tuvieron dudas y altibajos pero Jesús estuvo allí para enseñarles, reprenderlos, y hasta amonestarlos cuando era necesario ya que muchas veces su fe se veía amilanada por los problemas del día a día.

Tal como el episodio cuando Jesús estaba con sus apóstoles cruzando en una barca y llego una gran tormenta, y los apóstoles muy angustiados trataban de que no se hundiera la barca, pero Jesús, en medio de esa tormenta estaba dormido, tranquilo y paciente, pero  le despertaron y Jesús les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe? Aconteció entonces que Jesús detuvo la tormenta y todo entro en calma. Este momento lo podemos encontrar en el libro de Mateo 8:24-27.

También dudaron cuando Jesús les pidió a sus apóstoles que alimentaran a más de 5 mil personas con 5 panes y 2 peces; pero Jesús oro al Padre (Dios) y todos pudieron ser alimentados hasta quedar satisfechos.

A pesar de la humanidad de los apóstoles, su historia es de recordar y también de ejemplo a seguir, puesto que después de la ascensión de Jesús, aquellos fueron llenos del Espíritu Santo y realizaron obras maravillosas para la gloria de Dios y la expansión de su Reino.

Todos ellos, en su vida y en sus obras tenían la mirada puesta fijamente en Jesús, autor y consumador de la fe. Podemos sin duda tomar ese ejemplo y no apartar nuestra mirada de Jesús.

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