Bautizo de Jesús

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Jesus siendo bautizado
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Bonita imagen de Jesús siendo bautizado por Juan el Bautista, delante de fieles seguidores de este último. Con este gesto, Jesús nos quiere hacer ver que los designios de Dios son de obligado cumplimiento.

Jesús, aun siendo el Hijo de Dios daba testimonio con este acto de obediencia en el rió Jordán, cuando en dichas aguas sumergía su cuerpo completo, para dar testimonio público de su obediencia al Padre Eterno.

Juan El Bautista, antes de Bautizar a Jesús, exhortaba y predicaba y hasta se podría decir “reprendía” a muchos por la desobediencia y rebeldía que había en los corazones de los hombres y mujeres.  Les hablaba con verdad y contundencia sobre la venida del Reino de Dios y para ello fue tan acentuado su sermón cuando les decía: ¡Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca! (Mateo 3:2).

Nótese la exclamación del texto… Era muy importante en la misión de Juan El Bautista que fuese a dado a conocer el Reino de Dios a todo aquel que le escuchaba. Esto es un llamado claro incluso aun en los tiempos actuales, para todos aquellos que aceptaron a Jesús como su único y suficiente salvador  y en obediencia al Padre, el dar a conocer el Reino de Dios a todas las gentes y naciones (La Gran Comisión).

El Bautismo, fue una asociación que realizo Juan El bautista como signo de conversión y perdón de pecados, Juan llamaba a las gentes a recibir el bautismo con agua, sumergiéndose de cuerpo entero en el río Jordán. Podemos decir entonces que el bautismo representaba un cambio de vida, una verdadera conversión hacia Dios; esto significaba así una preparación para la venida del Señor.

Juan el Bautista era aquel que muchos años antes fue nombrado por el profeta Isaías, cuando dijo: «Una voz grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor;
ábranle un camino recto.”» (Isaías 40:3)

Muchos autores e investigadores teólogos relacionan el bautismo con la circuncisión del antiguo testamento ya que los dos representan conversión y limpieza de pecados. Abajo algunos ejemplos:

NT: (Hch 22:16): Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.

AT: (Dt. 10:16): Circunciden, pues, el prepucio de su corazón y no endurezcan más su cerviz.

AT: (Jer. 4:4): Circuncídense para el SEÑOR; quiten el prepucio de su corazón, oh hombres de Judá y habitantes de Jerusalén. No sea que por la maldad de sus obras mi ira salga como fuego y arda, y no haya quien la apague.

NT: (Hch. 2:38-39): Arrepiéntanse y sea bautizado cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los que están lejos, para todos cuantos el Señor nuestro Dios llame.

 

En el antiguo testamento no se ve reflejada la palabra “bautismo” como tal, más sin embargo, en muchos episodios se puede ver como Dios utiliza el agua para purificar a su pueblo en muchos aspectos, incluso, en uno de los episodios más conocidos del pueblo Hebreo, fue cuando cruzaron el mar rojo, viendo ellos el mar a sus costados como dos columnas enormes de agua.

El bautismo, fue una ordenanza confirmada por Jesús cuando se presentó y le dijo al Bautista: “… es conveniente que cumplamos todo lo que es justo ante Dios” (Mateo 3:15). Luego de esto, Jesús fue sumergido de cuerpo entero en el río Jordán.

Como vemos, desde el antiguo hasta el nuevo testamento, el Señor nos llama a ser puros y a lavar nuestras vidas para poder estar en la presencia de Dios; para ello es necesario no solo un bautismo de cuerpo, sino un bautismo de corazón siendo purificado para Dios en el nombre de Jesús.

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